Queridos Hermanos:
Sirvan estas
líneas para establecer un contacto más estrecho con todos vosotros, con
motivo de la revisión y puesta al día de nuestra página web. Esta
página debe servirnos para incrementar nuestras relaciones fraternales
y ayudarnos en nuestra progresiva formación, al tiempo que nos permita
proyectar, nuestros valores, en el mundo profano; por ello os encarezco
que con el máximo interés, todos colaboremos asiduamente en la misma.
Hemos finalizado
ya nuestro primer curso masónico en nuestra Obediencia y en este
sentido es conveniente que cada uno de nosotros analice lo acontecido
en el mismo para ver los aciertos y los errores que hemos cometido y de
esta forma prepararnos para afrontar, con mayores garantías, el curso
masónico que ahora empieza y así poder resolver adecuadamente los retos
que se nos planteen. Nos es especialmente necesario que todos
desarrollemos al máximo nuestros esfuerzos para que podamos llevar la
piedra un poco más lejos.
El transcurso de
los ciclos solar y lunar marcó desde los albores de la humanidad,
cuando ésta se convirtió en sedentaria y se asentó territorialmente,
sus creencias y cultos. Nosotros como Francmasones, amantes de la
tradición, debemos recoger el espíritu que poseían nuestros antepasados
y aplicarlo a nuestro proceso de aprendizaje, obteniendo de esta forma
unos referentes adecuados para nuestra finalidad de pulir la piedra. De
ahí que celebremos adecuadamente las festividades de los solsticios y
los vinculemos además a Juan, el Bautista, y a Juan, el Evangelista, a
quienes dedicamos nuestras Logias Simbólicas.
Pero para
nosotros, Francmasones especulativos, los solsticios encierran una gran
variedad de significados. En primer lugar son festividades dedicadas a
la Luz y marcan los puntos de máximo y mínimo valor de la luz solar. El
solsticio de verano nos señala que en el mismo instante en que se
alcanza el cenit del progreso solar, empieza el declinar de la Luz para
iniciar un nuevo ciclo que terminaron el mínimo que nos señala el
solsticio de invierno, para reiniciar otra vez el proceso, sin solución
de continuidad. Ello nos enseña que la vida es un continuo fluir, de
nacimiento y muerte, y que por tanto el curso de la vida no es lineal,
sino circular.
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